La Barca

barca sobre nubes

Aquella barca mágica
Le permitía surcar el cielo
Y pescar los sueños
En los surcos de las nubes.

La gente soñaba
Y su imaginación volaba,
Él con su barca podía
Recoger el coral de sus ilusiones,
De entre los cuerpos
Nebulosos.

Recogió un día
Tres fortunas soñadas,
Y dos amores de juventud recuperados,
El que más le sorprendió,
Fue el que quería arreglar el mundo,
Esos cada día eran más raros de ver.

Fama, fortuna, lujuria,
Comunes, zafios sueños.
Cada vez que un sueño entraba en contacto
Con su piel,
Se cumplía.

El era el responsable de los sueños cumplidos,
Un día cogió el sueño de alguien que anhelaba su Barca mágica,
Automáticamente, desapareció bajo sus pies,
Mientras caía, soñaba con no morir,
Y confiaba en que el nuevo responsable de los sueños cumplidos,
Encontrará su sueño.

Muchos más sentían que su vida era una caída a la muerte,
Y confiaban en que su sueño se cumpliera,
Pero ninguno de ellos, se había responsabilizado nunca,
De cumplir los sueños de otros.

Sólo por eso pensaba que merecía salvarse,
Pensaba, mientras caía, como tantos otros,
Pensando que él sin duda,
Era especial sobre el resto.

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Me gustaría una España diferente

spain flags

banderas de espana

Vivo como tantos otros con esa sensación de nausea por lo que veo a mi alrededor en mi país. Soros decía en 2012 que los españoles éramos demasiado gregarios con Alemania, y yo creo que en general. Somos un país con vocación de servicio, es lo que dice el análisis de nuestros sectores productivos.

No hay nada más cómodo que decidir blanco o negro cada cuatro años y dejar que todo pase. Así también en el trabajo, en la relación, con los maestros,… El español es adicto a la zona de confort. Esta naturaleza, no viene en la raza, no es un gen latino, tiene que ver también con la educación que los poderes nos han inculcado, con la cultura e identidad con la que se nos han trazado las líneas ideológicas desde hace siglos. Con el Guatemala y guatepeor, con el virgencita déjame como estoy.

Qué es peor: ¿el inmovilismo o el cambio? Nuestros datos dicen que funcionamos al contrario que los países avanzados, cuando sube nuestro producto interior bruto, es decir, lo que producimos, baja nuestra productividad, es decir, suben los costos para producir lo mismo. Y no es porque los salarios crezcan.

Viajen y vean, con este panorama emigras y ves casos como el de Singapur, países con mucho menos que han crecido exponencialmente ¿Cómo lo han hecho? Para mí, educación y concienciación son la clave. Pero incluso antes de eso, antes de somos todos conscientes y empujamos en la misma dirección, tenemos que resolver las heridas internas. Somos un país que no canta himno, que Casi no muestra banderas. En otros países, tienes una casi en cada casa. Es la náusea. Consciente o inconsciente. Para mí, grandes barreras son las siguientes:

– Guerra Civil: ganadores y perdedores, ni República ni Feudalismo. Dejar que siga la memoria histórica su curso, sin juicios. Y una vez velados los muertos, devuelta la dignidad a los mayores ultrajes a la dignidad en ambos bandos, llorada la barbarie, dejar que está monarquía parlamentaria florezca. Hay que abrir las ventanas. Esta es la gran oportunidad para Felipe VI.

– Pluralidad: en Singapur, todos los carteles están en inglés, mandarín, hindi y malayo. Aceptan que son reinos y lo respetan. Nuestro escudo dice que somos reinos juntos, iguales, codo con codo, pero se quiere imponer el castellano, las formas castellanas. El castellano puede ser un nexo, pero la cultura de varios reinos no puede ni debe olvidarse. La tolerancia es vital en el siglo XXI. Y no sólo en los reinos, en la religión o la no religión, en los velos musulmanes, en las culturas diversas. Fuimos ocho siglos musulmanes, fue la gran revolución pre-industrial que vivimos antes de los Reyes Católicos. ¿Por qué no aprovechar más las sinergias? Somos puerta para Asia en Europa, un buen lugar para sus operaciones, y para aprender de su vasta cultura comercial e industrial.

– Alcohol: bebemos y perdemos la cabeza, como en Viridiana. No subamos más las cargas de la gasolina y la cultura, subamos el impuesto sobre el alcohol, con zonas de exclusión o productos para proteger turismo y viñedos. El alcohol tiene que dejar de definirnos como sociedad.

– Corrupción: no tiene gracia defraudar ni el cohecho, ni los favores. Ocho años máximo de un gobernante a todos los niveles, más recursos para los inspectores y jueces, y una justicia independiente y agnóstica.

– Rendir tributos al esfuerzo: sin forzar meritocracia, este país necesita aprender a decir gracias a los que se esfuerzan, sin envidia insana, sin desearles la muerte. Rendir tributo no sólo a investigadores, sino a cineastas, trabajadores, y Empresas nacionales que destaquen. En sus desvelos, están las grandes oportunidades.

Para mí, hay tanto que hacer, para acallar esta náusea. Y con la identidad cultural solventada, con el orgullo patrio restablecido, con todos en un barco mejor, podríamos atajar el tema de la productividad y demás diferencias. Y dar al mundo de nuevo, una imagen nítida, del porqué España fue una vez España.