La criatura

criatura

Antes de soplar las velas
De su 37 cumpleaños,
Le dijeron que tenía que pedir un deseo.

Ella pidió vencer sus miedos,
Liberarse del temor. La noche siguiente,
Soñó tuvo un sueño pesado debido al vino
Y al exceso de dulce. Soñó con pasillo,
Y en el, cortando la luz, una criatura
Que le resultó familiar,
Era el monstruo del armario,
Que la stormentaba cuando de niña
Ya en la cama apagaban las luces,
Y la dejaban con un tenue brillo bajo la puerta
De unas luces vecinas.

La criatura se acercó,
Hola Agnes, vengo porque me has invocado,
De niña me venciste, sepultandome
Bajo tu seguridad al hacerte adulta.

Soy la misma criatura que te llevará El día
De tu muerte y por tanto a la que quizás,
Unicamente deberías temer.

Agnes, sobrecogida, le dijo que temía más
A la propia vida, a la decepción de los vivos,
A su desprecio, a que no la quisieran sus hijas.

La criatura la miró, le dijo que si era su deseo,
Podría llevarla con él y así no tendría que despertar nunca.

Ella dijo que temía más aún esa opción,
Por no saber si los que ella amaba,
Estarían bien y a salvo.

La criatura dijo: extrañas criaturas los humanos,
Provenis del barro y para ser vasijas nacis,
Os llenais y llenais de cosas,
Y la vida os las va quitando
Cuando ella quiere y aún así,
Vosotros pensáis que podéis controlar el no derramaros.

Mujer vasija, no puedo liberarte ahora,
Sólo acompañarte Hasta el día,
en que con tus sentires riegue el mundo,
Para portarte vacía al otro lado.

Preguntó ella si vaciarla era para tranportarla mejor,
O el otro mundo estaba alejado de estos miedos.
El dijo que no existía tal cosa en la otra orilla.

Ella entonces, se arrepintió de su deseo,
Y dia a día, disfruto de ser vasija,
De llenarse de sentires y del mundo,
Y lloró por la criatura del armario,
Que permaneceria inmutable
Hasta que se consumieran todas las edades
Del mundo o lo que es lo mismo,
Hasta que las niñas pequeñas
Dejarán los terrores nocturnos
Y los armarios llenos de
Critaturas infernales.

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El malecón

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Solía siestear en el malecón,
Y a él le contaba sus duelos,
Su frustración y las ganas de
Escapar que sentía.

Miraba al mar golpear al otro lado,
Y el se sentía parte del océano
Humano que moraba la isla y
Sentiase una ola que se abatia
Sobre la roca.

El enorme montón de piedra
Aguantaba espartanamente,
Embistes de mar y humanos,
Del sol, el aire, la lluvia.

El malecón gastado
Aguantaba sus lágrimas también,
Y su promesa de que algún día,
Quizá tuviera la suerte de verlo demolido,
Cómo la piedra lo veía a él ahora.

Se despedía de la roca,
Ojalá mañana no te vea,
Porque mis esperanzas,
Se hayan devuelto cumplidas.