Palabras para el ocaso

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A las palabras que piden ayuda
Me moriría por darles:
sinónimos de cobijo
haikus de consuelo.

Dejo la mochila abierta
Y agito todos los sentires que
Llevo y los que llegan,
Para formar un cielo, un momento.

Hieles que transformamos en ocasos
para dejarlos irse y pasar de largo en las horas
En las promesas de nuevos abrazos.

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El flautista del mercado

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El músico apostado junto a los tianguis,
Respira, hace magia el aire,
De entre las conversaciones elige,
música que rezumar para su flauta.
 
Mastica el instrumento los pensamientos,
Las palabras y las trasnforma en algo
Mas bello. Llegan las notas al sol, a la plaza
A la danza de pesos y balanzas .
 
El día que falta,
Es como la lluvia en el mercado,
Las conversaciones tullidas,
Se quejan de la ausencia
De sus manos y la plaza lo dignifica.

Pops

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Vendedor de carbón, repartidor de leche,  estibador de barcos bananeros, era el Pops abandonado, criado por su abuela que nació esclava. Aceptado por los Karnofsky, deambulaba por las calles de Nueva Orleans, llega al reformatorio y de ahí al instrumento de viento que insufla la vida en él y a través de él en quien le escucha.

Al oir su estilo Dixieland, todos querrían haber sido Pops. Louis sonríe, Satchmo le llaman, Pops entrega su energía, hasta la última gota en cada actuación. El Mississipi le aclama, la Luna de la calle Bourbón le reverencia. Su música y su embrujo, y todo el Jazz que trajo con él, le jalean.

Pops lloraba en privado sólo, las cosas de su alma callada, humilde y soñaba con un mundo maravilloso que cantó para que tú tuvieras dónde aterrizar tus sueños.

 

 

 

Árboles

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Decidme que cuchicheáis
habladme de vuestras quimeras
de los agravios vividos.

Doblad mi alma y hacedla humilde
con vuestros sones ocultos
halladme entre vosotros
y habladme.

No hay camino, sin ramas que lo vigilen
no hay historia que no sepáis
y sin embargo callais.

Habladme de los cuentos
que os contais de noche
de terrores que no compartis.

Habladme del amor,
y de la vida que véis y de los
latidos de la tierra.

Rama, raíz,
madera, tronco, hoja
vetustas estatuas
que sienten.

Bastaba por ahora

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La sombra de sus manos todavía
bailaba sobre sus muslos
mientras sumergía su desidia en la bañera
las sombras y el recuerdo flotaban
y eran patitos de goma amarillos
que la entretenían y la mantenían a flote.

Sus manos, el aroma de sus abrazos
y unas palabras que guarda en su corazón
le servían para calentar la estancia
del frío de noviembre.

Mientras todo lo demás resbalaba
con el ocaso de otro año,
una promesa y su aroma
bastaban por ahora.

Eso la hizo féliz a ella momentaneamente
el millón de preguntas posteriores
se las dejaba para el año siguiente
porque se lo había prometido a sus manos.

Ojos cansados

ojos

había descanso tras años de espera,
tras el destierro, momento de despertar.
Había peso, pero no para doblegarlo
Y la esperanza bullia.

Voces, gritos, algarabía
Cofrades paseando sueños
Que volvían a desfilar
Ante su universo tras los ojos cerrados.

Hay vida en un alma suspendida
Y dudas y cimientos.

Hay razones que emparedan
Y locuras libertarias.

 

Cigarro

hombre fumando solo

Llevaba un zippo, le encantaba el sonido que hacía al abrirse. Lo había visto mil veces en las películas y había memorizado la técnica y perfeccionado hasta que salía automáticamente. Sin pensar, como el hecho de coger un cigarro cuando estaba sólo.

Menuda mierda de día, todos difuntos a su alrededor. Pensó que no quería sentirse así nunca. Le dio gracias al cigarro, por ser la única mierda que realmente no quería aparentar otra cosa y se le presentaba con su foto de cancer y todo. Sabía exactamente el sabor a nicotina y química que le iba a proporcionar, la piel amarilla en los dedos, el deterioro cardiovasular que le iba a procurar. Era un mal sincero, sin pretensiones. Sí, era una mierda sincera. Eso le reconfortaba.

Tampoco él tenía intención de mentirle a ese cigarro. Y no, no se consideraba mucho mejor que él.

el tamaño de tu ausencia

ella mirando en la ventana

El tamaño de tu ausencia

es el largo del desierto
para llegarme a una sonrisa.

Es la mirada sin hogar
la temeraria desgana
de más vida.

El tamaño de tu ausencia
es el silencio en el cafe
de mañana en Enero.

Es la margarita deshojada
de deseos.

El tamaño de tu ausencia
se mide en lo que el alma muta
para no ser jamás la misma.

Es el agujero negro
en el otro lado de la cama.

Mentira

mentira

Mentiras,viles y sucias mentiras,
has llenado mi corazón de ellas,
las dejé entrar, las hice sitio
en mis rincones, por tí.

Odio las mentiras, son atajos
a lo que los ladrones desean,
algo que no se puede robar
eternamente.

Malditas mentiras, me duelen
como un exceso de colesterol
en mis venas. Maldito tú,
y tu veneno de doradas alas.