Pops

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Vendedor de carbón, repartidor de leche,  estibador de barcos bananeros, era el Pops abandonado, criado por su abuela que nació esclava. Aceptado por los Karnofsky, deambulaba por las calles de Nueva Orleans, llega al reformatorio y de ahí al instrumento de viento que insufla la vida en él y a través de él en quien le escucha.

Al oir su estilo Dixieland, todos querrían haber sido Pops. Louis sonríe, Satchmo le llaman, Pops entrega su energía, hasta la última gota en cada actuación. El Mississipi le aclama, la Luna de la calle Bourbón le reverencia. Su música y su embrujo, y todo el Jazz que trajo con él, le jalean.

Pops lloraba en privado sólo, las cosas de su alma callada, humilde y soñaba con un mundo maravilloso que cantó para que tú tuvieras dónde aterrizar tus sueños.

 

 

 

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Bastaba por ahora

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La sombra de sus manos todavía
bailaba sobre sus muslos
mientras sumergía su desidia en la bañera
las sombras y el recuerdo flotaban
y eran patitos de goma amarillos
que la entretenían y la mantenían a flote.

Sus manos, el aroma de sus abrazos
y unas palabras que guarda en su corazón
le servían para calentar la estancia
del frío de noviembre.

Mientras todo lo demás resbalaba
con el ocaso de otro año,
una promesa y su aroma
bastaban por ahora.

Eso la hizo féliz a ella momentaneamente
el millón de preguntas posteriores
se las dejaba para el año siguiente
porque se lo había prometido a sus manos.

Ojos cansados

ojos

había descanso tras años de espera,
tras el destierro, momento de despertar.
Había peso, pero no para doblegarlo
Y la esperanza bullia.

Voces, gritos, algarabía
Cofrades paseando sueños
Que volvían a desfilar
Ante su universo tras los ojos cerrados.

Hay vida en un alma suspendida
Y dudas y cimientos.

Hay razones que emparedan
Y locuras libertarias.

 

Citius, altius, fortius

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Muro

Pasaba siempre corriendo,
Bordeando el muro. No se
Atrevería mientras todos los
Demás soldados y oficiales
Estuvieran allí.

El muro le hacía pensar por
Las noches, lo desvelaba
Hasta la hora de la tostada
Con las claras del día.

Un día de Navidad,
Decidió sacrificar su permiso
Para hacer frente a aquella pared.

Se acercó a ella,
Y le susurró:
A partir de hoy no podrás conmigo.
Se sentía en forma debido a la
Intensa preparación de su unidad.

Quedó extrañado de la
Facilidad con la que pasó el muro,
Sin duda había ganado otra batalla
Contra Si mismo.

Repitió 10 veces,
Hasta sentir pleno dominio,
Tras su proeza
Le presentó sus respetos
Al que fue su temor durante semanas,
Y miró adelante.

Casi queriendo adivinar el siguiente
Muro en su vida.